viernes, 11 de marzo de 2022

Entre candilejas

 

Otra vez lo primero aquí va al final. Cuestión de días que, apresurados, no terminan por explicarse y uno a uno pasan a los siguientes.

Léanse entonces las notas de siquiera el último mes. ¿Les da hueva? Sorry, jeje.

Seamos sincerxs: nadie sabe adónde va este arca de Noe; ni lxs mandamases a quienes se los está llevando la verga (Wall Street se desploma; temores sobre tasas y recesión ((me vale verga lo que haces, blog; píntenle rosas, lectorxs, si quieren; a mí mis timbres, según el viejo dicho).

Usando a la abuela, que ni la debe ni la teme: yo declándome simpático posible suicida, y vuecencias haciendo weyes.

Ayer una chamaca descelebraba ganar doscientos varos chingándole doce horas limpiando para los reyes de la infamia, llamados OCESA, junto a otra que debía cubrir igual jornada sin sentarse un segundo. 

Apareció la carnalita de Chimalhuacán y como organiza pobrxs le pedí buscara una forma para ellas, cuyos hogares están por el rumbo. 

-Papas -dijo.

Porque así no se puede. Blabla y más blabla a nuestras espaldas, Acciones, ninguna.

 

La Revolución Mundial que debería empezar por Latinoamérica está en vilo. Gran cosa Hugo Chávez y el ALBA, hoy vueltos Venezuela casi ahorcada y la "Candente y vigorosa VI cumbre de la CELAC"

Lula pareció ofrecer la luna, fue a prisión y libre otra vez si bien le va no tendrá mayoría en su congreso mientras lidia con una derecha fascistoide. El BUEN VIVIR

ecuatoriano perdió las elecciones...

Y a cambio Chile y Colombia por fin, Bolivia dio el gran ejemplo y México... a saberse.

Ignacio Ramonet escribió en marzo

América Latina, Ucrania y la nueva edad geopolítica.

Volvamos a octubre de 2022. 

A los cultos no les gusta Chaplin. Tienen razón, creo. Lo suyo es melodrama fácil. Como el mío durante setenta años. 

Si pudiera vivir siempre desde la azotea. Pero bajo y me encanto con los reflectores que proyectan mi sombra

Nadie se acuerda de ti, abuela Severina. Debí seguir tu ejemplo y mírame, coqueteando aquí, ¿para qué?

Edad tras edad quería imitar a los teporochos o clochars y renunciaba porque vivir en las calles exige una fuerza extraordinaria y yo, consentido, en semanas no tendría más lo irrenunciable. 

Bueno, que sienta vergüenza la sombra, ¿verdad, Seve?, jeje.

Mira, encontramos pretexto para la música de tu tierra.

(Si se mezcla con la otra suena nada mal.)

-0- 

El hombre gritó, creyeron que pedía auxilio y aunque no era cierto se lo dieron. Lo hicieron puntualmente y no pudo negarse a recibirlo. Continuaba con sus intenciones cuando la obra dio frutos. No respetarlas ahora resultaba un crimen.

Ya las olvidó, aunque los "sonidos en su mente" hablen como desde niño. Estira la mano hacia las estrellas y tiene de nuevo quince años, es madrugada y platica con ellas. 

-Algún día -se dice. -Algún día.

¿Debo pedir perdón, abuela?

Juzga tú:

-0-

-Traducción simultánea- dijo tras escucharme y alguien procedió a cumplir sus órdenes. Si nunca entendieron y por ello están hechxs mierda... 

Ven el cielo 2022 precipitarse y creen que es como la llovizna que nunca existió.

-No habrá suicidio -le digo a la Tic. -Olvidaba que vivo entre replicantes.   
 

viernes, 4 de marzo de 2022

Gastó el tiempo en vano, Quevedo

¿A qué tanto magno poema sobre el tema, don Francisco?

Te llamé, ma, no por nostalgia y menos en razón a otra cosa -el Edipo lo cumplí con las montañas del valle, quedó aclarado-. Quería vernos un rato donde quiera que los lugares nos guarden. La muerte no nos mata, sabemos. Junto a ellos, momentos. ¡Cuántos! Revisando cuadernos topé este, en el cual no participas:    

Hubo un tiempo en que Ana presumió que me iba mal de dinero. Tenía razón y no, pues a mi entonces única cría y a mí nos bastaba con poco. Lo dedujo de nuestro inesperado encuentro. 
No nos habíamos visto en seis o siete años y aunque sabía que por accidente yo vivía cerca de ella, evitaba aparecerse. Luisa le pidió pasar a la carnicería, justo en los bajos de mí edificio. Jamás me enteré si fue a propósito, pues ya advertí que su madre acostumbraba esos trucos con nosotros.
Iba sola y casi chocamos. No olvido su mirada sobre mi niño. Es un sol, decía, y concentró la atención en él, quien andaba por los dos años. Rubísimo, desprendía un airé beatífico que intento recoger en Desde la azotea, y ella se enamoró. Lo afirmo sin dudas ni declaraciones de Ana. 
Fue un momento muy extraño también para mí. El tiempo se revolvía dudando hacia dónde circular. ¿Pudo ser nuestro niño, nacido en otra y contra la existencia de su propia niña, mayor que él? Le sonreía acariciándole el cabello y los brazos, mientras soltaba palabritas cariñosas y preguntas naturales y buscaba en la bolsa lo que no habría manera de materializar. Tomó sus manos para acariciarse el rostro, al fin volteó a mirarme y repitió, ahora usando la voz.
-Es un sol.
Todavía me costaba enorme trabajo andar donde estaba seguro no regresaría y solo la proximidad del hijo hacía que consiguiera moverme y hasta ser feliz, tanto como nunca. Ahora estuve hermoso a mi vez, y eso saltaba las normas allí fuera y no en el departamento que el gurisito volvía un pequeño paraíso.

Ve, ma. Esos diez minutos pueden llevarme por las escaleras al departamento antes o más tarde, entre mil otros. Lo hacen a cuentagotas aquí, en los cuadernos. 

¿Sabías lo aficionado que, muchachito, era a esa calle del hoy llamado Centro Histórico de mi ciudad? Inusitadamente corría entre un poco más atrás y el sur, deteniéndose, vaya casualidad, en la esquina que poco antes yo frecuentaba por ti, terca perseguidora del sueño roto. Ni cuenta te dabas que esta tu tercera cría -cuarta, contando a la muerta cruzando los Pirineos- evitaba seguirte escaleras arriba paseándome al pie de los cuartitos empleados por mujeres para cumplir su significativo oficio. Algunas terminaron reconociéndome bajo la conveniente oscuridad de esas cuadras y me revolvían el cabello con aire maternal. 

¿Cómo saber que años luego las toparía de refilón subiendo una, dos, tres veces por semana a autobuses cuyo destino era el cielo social? Imagíname en ellos, con rumbos distintos, para descubrir al país cuyos secretos estuvieron vedados a mis ojos. 

¿Volvemos a la primera calle aquélla y su alvorozo o me acompañas al mediodía del súbito encuentro con Ana? Anda, sube con tu nieto y conmigo las escaleras que apenas tuviste tiempo de conocer, pues sufrimos tu abyecto abandono -jeje.

SIGUE   

jueves, 3 de marzo de 2022

Las que vencían el destino de invisibilidad

 No sé cómo tratarte, mujer que encuentro en 1847 por los llanos áridos del centronorte todavía no nacional, marchando entre soldados y otras como tú, quienes así vencen su destino de invisibilidad, según creo con el gran cronista cuya mirada cien años después lo probará.

Días sin apenas comida y agua, reandas caminos que descubriste dos inviernos atrás abandonando el barrio donde tu primera, pequeña, única cría se rindió a la pobreza.

Vaya a saberse si naciste allí, en tiempos poco proclives para migrar y pertenecías entonces a las familias que la resaca aventó durante tres siglos, aquí, gran ciudad adentro o afuera, o lejos. 

El retrato no te hace justicia, pues pareces abnegada.

 

Ni tampoco este, con trapos demasiado finos y un coqueto descaro que envidiabas.  

Nadie registró a ti y tus hermanas de aventura, desfalleciendo por hambre y sed al andar a marchas forzadas estos lugares.

Yo te encontré por el Bolsón de Mapimí acompañando a dos soldados y no di en cómo interpretarte. Se me ocurrió así hacer que reprodujeras la hermosa estampa atestiguada y hecha novela por un general revolucionario de 1910-1920. En consecuencia mataron al hombre con quienes tenías amores y tu generoso cuerpo recibió esa misma noche a su compadre. 

Si entiendo que Rulfo es Altos de Jalisco puros y duros, para adentrarse en personajes de tu estilo debo recurrir a él.  

SIGUE   
 

       

miércoles, 17 de noviembre de 2021

La última canción

 La última canción, digamos, termina siendo esta.

No debe extrañarme, la compuso Mark Knopfler.

La película que musicaliza tal vez hace trampas y aun así o incluso por ello me gusta mucho. 


Todo se derruye allí con una lágrima de enamorado que falla. 


 

domingo, 14 de noviembre de 2021

Aficiones

 En futbol mis crías y yo somos aficionados de estadio y muy activos. Aunque grito tanto como ellos, me superan con mucho al protagonizar los partidos, pues le hago al fan entrenador amoroso y ese duo intenta bajar al contrario a improperios, jeje.

El equipo está en la Segunda División de Ni Ascenso y regresa a nuestra ciudad tras años deambulando. No faltamos encuentro y así los nietos continúan la tradición con unos cuantos miles.

¿Qué nos identifica? No ser comemierdas, como quienes deliran por "clubes" que reflejan fielmente al peor país en la materia, considerando el capital invertido, muy por encima, pongamos, del brasileño, argentino o uruguayo, glorias continentales. Antes la tierra no conocía un deporte espectáculo tan en manos de las televisoras, que hoy sirve a las mafias para lavar dinero, famoso por organizar dos mundiales y jamás acceder al cuarto partido.

Desde 1916 al Atlante lo llaman "el equipo del pueblo". Nació barriero capitalino y para los años noventa llevaba casi medio siglo sin campeonato y con pocos seguidores. 

Imaginen nuestro placer cada lunes en el trabajo o la escuela mentando madres a tumultuosos americanistas, rayados, pumitas, cementeros. Éramos el negrito pateando culos de arroces, se perdiera o, cuando llegaron las vacas gordas, había triunfos.  

La camiseta también sirve para templar el carácter y anoche, por ejemplo, en un amistoso, como fans superados en número por los visitantes, vinimos de un 0-2 para empatar al "estudiantado" auriazul. Nuestra nómina era 5% en comparación. 

Por amistades compartidas, me entremezcle con una pequeña banda pumita. Alguien entre ella, ufano, se burlo de mí:

-Qué bárbaro. Heredar tu amor por una playera que a puro derrota la llevaba y ahora, mira nomás. 

-Sacaste el cobre -respondí. -Muy de izquierda tú, ¿verdad?, y solo te rifan los triunfadores. Paso a recordar que en este saco de mierda llamada país hace cien años tercamente ganan políticos ladrones, empresas mediáticas y mafiasos asociados a ellas.    Las consignas qué gritas fueron importadas para encender ánimos incontrolables y en tus barras abundan los porros de rectoría, rompehuelgas expertos.

"Entre nosotros, en cambio... -rematé a lo demagogo y no."     

Ahí dejamos nuestra reputación, a ver quién es el valiente que la destroza, parodiando un dicho.

PD. El triste espectáculo de los aficionados nacionales culmina con su delirio por el Barsa, el Real Madrid y otros equipos europeos a quienes jamás vieron en una cancha, y por tanto son fans de televisión llevados a las últimas, degradantes consecuencias. Menos presenciaron, claro, entrenamientos, y los jugadores no conocerán jamás sus abrazos a la salida. De futbol saben menos todavía que nuestro periodismo deportivo, replicante de reporteros y columnistas acostumbrados al chayo.  

-¿PSqué? -pregunto. -Soy Potro, no anden mamando, jeje.

-0-

Dejen les muestro una delirante viñeta: 

Segunda patria

Tenía cinco años cuando Pinillas, el simpático tío con halo de aventura que todos deben tener, me llevó a un partido. Dejo para otro día la mañana capaz de asomarse a mi infancia y al país citadino contemporáneo, y me concentro en la cosita asombrada por todo: el aboroto de los ríos en camino, el gigante que aparece, el inconcebible tumulto en el inconcebible túnel, el pasmoso universo vuelto sobre sí...
Un segundo tío salta a la cancha en uniforme del Asturias, el estruendo se pronuncia en contra con banderas azulgrana, y entre el expresivo sube y baja anímico es cada vez más inutil el empeño de Pinillas por azuzarme a la afiliación familiar... en el momento más importante de mi vida. 
Cuánto me empeñé en que el espectáculo cuya mecánica no entendía conservara el flujo de ola creciendo contra mi identidad. Te salvarás, prometía y cumplió tras eternos noventa minutos, con el estruendo entre el que me conducía el apesumbrado tío. La sombra bronce de la calle, por un momento convertida en brillo, se jactaba: Asturias 2, Atlante 4. Con eso tenía para azotar a gusto el ceceo de mis condiscípulos, el derecho a la azotea, a su espléndida vista y cuanto en adelante quisiera de una realidad sin parpadeos.
Acompañado por mi Potro de Hierro hice los diarios paseos a solas en bicicleta descubriendo la ciudad que se agotaba tras la ciudad, o en camiones al Centro donde los siglos parecían un parlanchín avispero. (-No te pases de verga- dice mi esquizo. -Es neta, buey -le contesto. -Ésta, pendejo -responde agarrándose nuestra gloriosa riata-, y a hablar así no nos enseñó el estadio. -Ahí te buscan -lo distraigo y sigo mamando.)
Montado en él me arrimé a los barrios campesinos convertidos en obreros y fui un buen criador legándolo a mis chamacos.

-0-

Los deportes espectáculo fueron reivindicados por grandes tipos: Gaudí, Camus, etcétera, etcétera. 

En el México contemporáneo quiere imitarlos quien tenía todo para sacarnos del marasmo literario y debió conformarse con dar unos cuantos do de pecho, que aun así agradecemos. 

Ni modo, tuvo que sacarle tajada a nuestra miseria estructural volviendo épicos a partidos insulsos, cronistas chapuceros y demás. 

Ratones verdes son nuestros seleccionados y cuanto se busque desde las ligas infantiles.


 

martes, 26 de octubre de 2021

Le toca, Waits








 


Como hay versiones que no dejan...





¿Y si le damos contraste con algo muy socorrido?

¿Cuelo esto hecho para Unicef? Empieza en 0:50.

Más invitadas. No se la compusieron a ella.

«Libertad es solo una palabra cuando no queda nada que perder.» Kris Kristofferson.

Que siga, pues.  



Una sesión entera, ¿va?

Una novedad para nosotros.

Falta don Glenn.

Repitamos su adoración.

Nuevo, drástico giro, jeje. A un auténtico príncipe. De 9:04 a 14:15, por ejemplo.


Entonces



¿Con está regreso a usted, Tom?

Disculpe, se me olvidaba:




 


 



 

 

 

domingo, 24 de octubre de 2021

Memorable día

Cualquiera con dos dedos de frente y una mínima idea sobre la juventud en Occidente, sabría lo que en enero de 1968 se aproximaba en el país. Yo ni en cuenta esa genial mañana.
Según todo menos la realidad indicaba, estábamos a sólo un curso de diez meses para mi título de economista. En uso del momento de felicidad que le correspondía cada par de años, el día anterior mi padre entró en casa ululando la noticia:
-Hijo mío, te aseguré una beca de maestría en otro país.
Criminal don R, no midió los factibles, mortales efectos de sus palabras en plena comida. El trozo de milanesa pasó apenas sin tránsito del tenedor al gañote y no quedé allí sólo porque Utopía, la diosa familiar, me tenía en gran estima.
Con licencia así para quitarse de encima la abominable parquedad del ama de casa a la cual la condenó el exilio, mamá saltó sobre la mesa y a taconazos por bulerías arruinó de paso la sopa y el guiso por cuya pobre factura el rey de la casa sin duda la fustigaría, a la manera de todos los días.
Tarde y noche en vela pasé en los cafetines de costumbre endureciendo la piel que recibiría el castigo, y esta mañana estaba preparado para el literal Calvario, pues había de parecer producto de la farisea incomprensión. "Más tranquilo que una mujer que miente", según una de las mil extraordinarias imágenes de Aimé Cesaire, ante el coro familiar en pleno solté:
-Me perdonarán, pero hasta aquí llega la farsa. La vocación de escritor me impide continuar con la vileza del académico estudio.
¡Ay, Dios!, recité sin parar en la atea casa, mientras la gruesa mentira salía por la boca en ocultamiento de cuatro años de vividor profesional, que juntos no reunían la media docena de boletas no ya de aprobado sino de simple certificación de asistencia. Y continuaría la letanía recordando adonde fueron a dar las colegiaturas por mi inexistente título en inglés avanzado, con la mirada de mártir puesta en mi padre y el humo del incendio que inopinadamente se esforzaba el controlar.
-Pero, Jorgín -repetía una y otra vez mi ma incapaz de salir del pasmo por lo demás absurdo, pues desde 1964 Jorgín no llegaba jamás antes de las tres de la mañana ni abría un libro de la carrera, debido a una sencilla razón: nada semejante había en casa, que muy para mejores cosas estaban los dineros a ellos destinados. -Si te falta ya nada -se decidía a agregar conmovedora y convenientemente ingenua. -Si en teniendo el diploma... -y aquí trastabilleaba recordando la oferta del día anterior- te dedicas a lo que quieras.
Más la asombró la reacción de mi padre: sepulcral silencio. En mi par de hermanos mayores los ojos no paraban de girar en las órbitas y yo sentía descender de los cielos una paz de la que ni memoria quedaba.
Esa tarde R apareció con un escritorio en regla, dos estupendas colecciones de clásicos, una máquina de escribir recién desempacada y papel en abundancia.
Fue ahí cuando el susto se hizo de veras susto y congelome, hasta hoy.